El Sábado Santo es el gran día de silencio. El cuerpo de Jesús yace en el sepulcro, la Iglesia no celebra la Eucaristía, los altares están desnudos y los sagrarios vacíos. Es un día de espera, de duelo contenido y de esperanza tensa. La tradición teológica enseña que Cristo descendió a los infiernos para liberar a los justos del Antiguo Testamento. Por la noche, la Vigilia Pascual, la celebración litúrgica más importante de todo el año cristiano, rompe el silencio con la proclamación de la Resurrección.
El sepulcro de José de Arimatea
Según los Evangelios, tras la muerte de Jesús en la cruz, José de Arimatea, un miembro del Sanedrín que era secretamente discípulo de Jesús, pidió permiso a Pilato para retirar el cuerpo. Junto a Nicodemo, otro líder religioso simpatizante, envolvieron el cuerpo de Jesús en un sudario limpio con especias aromáticas (mirra y áloe, según la costumbre judía) y lo depositaron en un sepulcro nuevo excavado en la roca que José tenía preparado para sí mismo. Una gran piedra fue rodada para cerrar la entrada. A petición de los sumos sacerdotes, que temían que los discípulos robasen el cuerpo y anunciasen una falsa resurrección, Pilato autorizó una guardia romana para sellar y vigilar el sepulcro.
El Descenso a los Infiernos: la victoria sobre la muerte
El Credo de los Apóstoles afirma que, entre su muerte y su resurrección, Cristo «descendió a los infiernos». La teología cristiana interpreta este descenso no como una visita al lugar de condenación eterna, sino como la liberación de los justos del Antiguo Testamento que esperaban la redención en el Sheol, el lugar de los muertos según la tradición judía. Según esta tradición, Cristo abrió las puertas del infierno y sacó a Adán, Eva, Moisés, Abraham, David y todos los profetas, llevándolos consigo al Paraíso. Esta doctrina, representada abundantemente en el arte bizantino con la imagen de Cristo pisando las puertas del Hades, simboliza la victoria definitiva sobre la muerte.
La Vigilia Pascual: la noche más santa
La Vigilia Pascual, celebrada en la noche del Sábado Santo, es la liturgia más importante del año cristiano. Comienza en la oscuridad total: se bendice el fuego nuevo y se enciende el cirio pascual, que se introduce en la iglesia a oscuras mientras se proclama «Lumen Christi» (Luz de Cristo). A continuación se lee el Pregón Pascual (Exsultet), un antiguo himno que canta la victoria de la luz sobre las tinieblas. Se leen hasta nueve lecturas bíblicas que recorren la historia de la salvación, desde la Creación hasta los profetas, y culmina con la lectura del Evangelio de la Resurrección: «No está aquí, ha resucitado». Es la noche de los bautismos solemnes: los catecúmenos reciben el sacramento en la pila bautismal, simbolizando la muerte al pecado y la resurrección a la vida nueva.
El Sábado Santo en la tradición española
En España, el Sábado Santo tiene un carácter más íntimo y recogido que el resto de la Semana Santa. En la mayoría de ciudades no hay procesiones: el protagonismo lo tiene la liturgia de la Vigilia Pascual celebrada por la noche en las parroquias y catedrales. Sin embargo, en algunas ciudades sí hay procesiones del Sábado, generalmente centradas en la Virgen de la Soledad, María en su dolor sola tras la muerte de su hijo. En Sevilla, la Hermandad del Santo Entierro y la Soledad de San Lorenzo cierran la tarde del Viernes con las últimas procesiones, y el Sábado se vive en un ambiente de espera silenciosa. En Murcia, el Sábado de Pasión es precisamente uno de los días grandes. Las campanas de las iglesias, que han estado en silencio desde el Jueves Santo, vuelven a sonar al proclamarse la Resurrección en la Vigilia.
Curiosidades y datos interesantes
- 1Las campanas de las iglesias no suenan desde el Jueves Santo hasta la Vigilia Pascual del Sábado; en muchos pueblos se usan 'matracas' de madera para llamar a los fieles.
- 2El cirio pascual pesa varios kilos y se enciende en todas las misas hasta Pentecostés (50 días después de Pascua).
- 3La tradición del 'fuego nuevo' del Sábado Santo tiene raíces en rituales paganos de celebración de la primavera que el cristianismo integró.
- 4El sepulcro de Cristo se puede visitar hoy en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, uno de los lugares más sagrados del mundo.
- 5En la Vigilia Pascual, los fieles renuevan las promesas bautismales que hicieron (o que sus padrinos hicieron por ellos) al ser bautizados.
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